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Capítulo 2

Diego

Durante años, en cualquier cancha argentina, alguien intentó ser Maradona.

Acomodaba la pelota en la izquierda, encaraba a uno de más y seguía corriendo cuando lo razonable habría sido pasarla. Casi nunca salía bien. Pero se intentaba.

Diego nos hizo creer que, algunas veces, uno podía contra todos.

Venía de un lugar que millones reconocían. No parecía un héroe fabricado lejos de nosotros. Era el chico que había salido de acá y había entrado al salón principal del mundo sin pedir permiso.

Cuando el partido se complicaba, buscábamos la misma respuesta:

Que se la den a Diego.

Después vemos.

Y muchas veces resolvía.

Ahí nació una fantasía difícil de abandonar: la del hombre capaz de cargar con un equipo, un país y las esperanzas de personas que nunca iba a conocer.

Lo admiramos. Lo discutimos. Lo convertimos en canción, mural, bandera y mito. Después de él, Argentina ya no buscó solamente grandes jugadores.

Buscó otro salvador.